Por Amanda Ospina
"Las
actividades del cable, de los parques temáticos y
de los estudios cinematográficos de propiedad del
gigante Viacom en Estados Unidos, dieron un mejor
rendimiento frente a las actividades del Network CBS,
así como los polos radiofónicos y publicitarios,
tumbando las cuentas del últimos trimestre de 2004 con
cargas contables de respectivamente 10,9 y 7,1 mil
millones de dólares (8,18 y 5,33 mil millones de
euros)”. Cuando esta noticia circuló meses atrás, dejó
ver como por un lado, el cable en Estados Unidos goza de
una envidiable salud en cuanto a su crecimiento y
consolidación, pero también por el otro, enfrenta una
ardua batalla con el sector de la publicidad.
Así que la publicidad deja de ser
un tema por analizar y se convierte estrictamente
en un polo de urgente solución, un tema para resolver,
porque lo está padeciendo en carne propia el sector de
la televisión tanto abierta como de pago en toda la
región y en Estados Unidos.
Casos hay muchos. Traigo uno
concreto como es el de Colombia, país en el que
la Junta Directiva de la Comisión Nacional de Televisión
(CNTV) aprobó un acuerdo para regular la publicidad de
cigarrillos, tabaco, licores y sus derivados en la TV
(norma que establece aplicación gradual y entra en pleno
a regir el 1 de diciembre de 2006). La medida aplica a
todas las modalidades de televisión de cobertura
nacional, regional y local con o sin ánimo de lucro.
(Con el inminente peligro de que esto se extienda a
otros medios de comunicación como el cine, la radio o la
prensa).
Claro que estas medidas no
afectarán dramáticamente sólo a los canales de TV
abierta, los que gran parte de sus ingresos provienen
precisamente de la industria del cigarrillo y las
bebidas alcohólicas. Otros afectados son los canales
internacionales que recién empiezan a explotar el
mercado colombiano, que hasta ahora no tenía medidas
regulatorias para ellos, (se estiman ingresos por 5
millones de dólares anuales en pauta a 45 millones de
dólares entre todos).
¿Es
grave o no la crisis del sector de la publicidad en
todos sus aspectos? Claro que sí, porque la
publicidad es el dinamizador de los mercados. Está bien,
seamos concientes, aceptemos y actuemos en consecuencia
de que sí hay que regular los mensajes que se emiten en
cualquier medio, pero ¡por Dios!, de ahí a recurrir a
medidas extremas como la restricción de la transmisión
de eventos deportivos por el sólo hecho de estar
patrocinado por una empresa productora de bebidas
alcohólicas o de cigarrillos, tiene un impacto económico
fuerte no sólo para los canales, sino para los grupos
deportivos, para otros sectores y para el país.
Estamos hablando de una inversión publicitaria
anual en TV por parte de las empresas de bebidas
alcohólicas y de cigarrillos de unos 25 mil millones de
pesos colombianos sólo en los canales privados. No son
dos pesos, es una torta de la que también desean ser
partícipes los canales de televisión por cable.
Estas realidades en la región, deben ser indicadores sobre la gravedad de lo que puede
devenirle al negocio de la publicidad. (Estamos hablando
de múltiples industrias, negocios y formas de comercio
que anuncian por televisión sus productos y servicios).
Mientras el tabaco, licores y cigarillos sean industrial
legales, el Estado no podría impedirles desarrollar su
negocio y la publicidad es pieza fundamental para el
negocio.
La publicidad como medio de
difusión se remonta a épocas antiguas y del mismo
modo que los medios de comunicación social ejercen una
enorme influencia en el hombre porque posee una poderosa
fuerza de persuasión, modeladora de actitudes y
comportamientos en el mundo de hoy. Esto es innegable. Y
claro que hay que regularla. Esta es una tendencia
universal en aumento de prohibir los mensajes
publicitarios de alcohol, cigarrillos y sus derivados,
así como otras formas de mensajes que no sean positivos
para la salud física, mental y espiritual de la
sociedad. Y está bien que no se gire sólo en beneficio
del comercio y de las empresas sin pensar en las
necesidades y consecuencias en la sociedad. Nadie se
niega a la reformulación de la publicidad, pero ello
implica la participación activa de todos los sectores
involucrados y la claridad de las medidas a tomar en su
aspecto regulatorio. Amanda Ospina
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