La Televisión en el mundo
es un acontecimiento exitoso no solo por la gran masa que conquista
sino por su poder de influir y determinar. Sin embargo, las empresas
de TV que actúan en la región toman un trago amargo. Ejemplo,
Colombia, –un mercado de cerca de 40 millones de habitantes– con una
TV privada de gran acogida y alta penetración tanto en abierta como
en paga, y los números no cierran. Ojo a esto: si hablamos de los
multicanales, la ilegalidad de señales prolifera en todo el
territorio y si bien más del 40% la consumen no llega a un 10% los
que la pagan. Lo peor, es que la informalidad se encuentra en todos
los estratos desde los bajos hasta los más altos.
Esta
ilustración basta para analizar los males en toda la región. Estos males están enquistados en la raíz: grandes empresas
propietarias de negocios de TV paga y abierta, siguen atendiéndolas
como hijas de distinto padre y de distinta madre y no se crean
sinergias entre estos medios y en muchos casos, –hasta en los
grandes oligopolios pasa– que su empresa de TV abierta disputa o
rivaliza con su empresa de múltiples canales. Si esto sucede entre
empresas hermanas es fácil reconocer la poca sinergia entre empresas
y sectores.
El
esfuerzo por fortalecer la TV ya sea unicanal o multicanal tiene que ser una responsabilidad de todos. Los productores deberían
de atender con menos indiferencia estas problemáticas, y los canales
distribuidores, agencias de publicidad y el sector tecnológico,
también. Auspiciar la distribución con el convencimiento de que ya
no se trata únicamente del negocio de los contenidos, sino también
de la publicidad; conocer y explorar el potencial de los paquetes
básicos, premium y PPV en TV paga y en Internet; acercarse a la
interactividad y al poder y lenguaje del marketing.
La migración de una nueva
economía de los medios exige respuestas y decisiones ya que la
pasividad espanta a cualquier inversionista y más aun, si los
mercados siguen en manos de Estados que no cumplen con su papel de
satisfacer las necesidades sociales; pero vemos que los sectores
privados tampoco. Así las cosas, la TV paga que podría ser un
redituable negocio, está verde y no rinde. Otra causa es que la
inversión que se ha hecho en el negocio de la TV paga es mínima con
relación al valor total del mercado.
Pero,
¿cómo ver las grandes posibilidades en una región inexplorada y con un medio también por conocer mejor? La gran oportunidad que
tienen las señales con su excelente oferta de contenidos –incluidos
los latinos que disputan los principales horarios– es un indicador
para apostar en investigación, tecnología y producción de la manera
que sea. Atreverse a pasar de las compras y ventas tradicionales a
alianzas estratégicas; ir hacia una publicidad elaborada y más
pensada, –hoy colapsada porque es la base del comercio–, y caer en
cuenta de que la TV aparece en este movimiento de economías,
tecnologías y usuarios como el paradigma de los cambios. “Es el más
universal y cercano de todos los medios”, dijo Ted Turner en
una ponencia a comienzos de los 90. Hoy seguimos sabiendo lo mismo y
no hay reacción a unos anunciantes más activos y creativos y
dispuestos a elaborar planes de mercadeo conjunto. También están los
inversionistas que buscan mayor actividad y efectividad. Y existen
los usuarios con una fuerte cultura de ver televisión. Sólo faltan
los Ted Turner de esta década.
¿Quienes
son los ciegos?:los propietarios del equipamiento y sistemas
de emisión, los desarrolladores de tecnologías, la publicidad o los
productores?. Todos están perdiendo miles de dólares. Mientras
tanto, el planeta se tecnifica y se dirige a nuevas formas de
comercio y de transacciones; a espacios sociales más
diversificados; al surgimiento de escenarios con base en nuevos
servicios y formas de información audiovisual, cultural y artística.
La ceguera impide ver que los contenidos son la clave del nuevo
mundo digital que surge por convergencia de las telecomunicaciones y
la industria de los medios.
Basta!
dijo el economista francés Pierre Salama, en una Feria
del Libro de Guadalajara, hace dos años, “Si usted está ante una
recesión y corta los gastos sociales, eso significa que usted tiene
una gran responsabilidad en el aumento de la pobreza”. Si aplicamos
esto al sector empresarial, podemos ver claramente que la muerte de
muchas empresas y la lenta agonía de otras, corresponde a políticas
de una gestión empobrecedora y poco proactiva, que obran más por
tradición que por fundamento. Los derroteros son llevar a toda la
industria al negocio de las experiencias, lugar que le corresponde
por su naturaleza, trascendiendo esquemas y atentos para ver y
recibir nuevos actores por incorporarse. La experiencia acumulada
tiene que forjar un negocio robusto y contribuir a la restauración
del tejido social y a la reducción de la pobreza de aquellos que nos
consumen. |