El momento de la crisis pasó y ahora la discusión se tendrá que centrar en cómo administrar y
sostener “el crecimiento”, entre comillas. Y digo entre
comillas porque el único crecimiento real está sustentado en
la fuerte demanda interna, así como en el fortalecimiento de la
inversión de las empresas. Y esas características de mercado sólo
las tiene Estados Unidos, seguido por Japón y otras pocas
economías fuertes.
Nuestros mercados no crecen así, sino que cuando crecen lo hacen por
medio de otros estímulos, entre ellos fiscales y sostener la
recuperación así, nos va a resultar muy difícil. Mientras no
aceptemos que es en la manera como sean apreciados los aspectos
comerciales, económicos, y regulatorios que rigen a la radio y
televisión, no se podrá garantizar la permanencia y el desarrollo.
Lo demás es crecimiento de manera lenta y ficticia. Los medios tradicionales como la radio y la TV tienen hoy las
mejores oportunidades desde su surgimiento, pero esa oportunidad se
puede malograr al quedar rezagados, superados por otros medios más
modernos y más atractivos. Ser competitivo es el desafío, pero ello requiere de inversiones
para poder entrar en la convergencia y en el negocio transnacional. Ahora bien, esas inversiones, todos sabemos que no son sólo
tecnológicas y de contenido -para evitar la migración de las
audiencias a otros medios con ofertas que ya son globales- sino que
la mayor inversión que debe hacerse es en el marco jurídico, porque
no es posible que aún no se caiga en la cuenta de que el problema no
es económico, sino de políticas (regulatorio). Competir con mercados que ya hicieron reformas a sus leyes, que
propician el ingreso en otras geografías del mundo y que además
resultan sumamente atractivos por la seguridad que ofrecen para las
inversiones, pues será algo así como una pelea de burro que
patea contra perro humillado y amarrado. Tener que competir bajo fórmulas viejas y limitantes como la censura
y la escasez de fortalezas jurídicas va a resultar una especie de
suicidio, justamente en un momento de acomodamiento y oportunidad
mundial. No hay otra salida que invertir en contextualizar
el negocio y presionar hacia reformas urgentes acordes a un entorno
en el que las tendencias de crecimiento sólo serán sostenibles en el
corto plazo. Y con esto, queda explicada mi desconfianza, pero al
mismo tiempo mi fe en un crecimiento en la región. Claro, siempre
entre comillas. Vale destacar que el déficit de cuenta corriente de Estados Unidos
es motivo de alarma y el riesgo de una caída desordenada y dramática
de la moneda estadounidense aumenta, como también aumenta el
riesgo de un incremento de las tasas de interés. Por lo que no hay
ninguna duda sobre la conclusión en el Gran Foro Social Mundial
celebrado en Davos, recientemente: “Se avecina un ajuste mundial,
pues la tendencia actual de crecimiento sólo es sostenible en el
corto plazo”.
¡Ah!, y un último dato de mi parte: únicamente los
países democráticos serán competitivos. ¿Conclusión? blanco es y
gallina lo pone: sin reformas jurídicas no habrá negocio. Entones
responda usted: ¿Quiénes se irán del negocio de la TV? y ¿quiénes se
quedarán con él?
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