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Banda ancha
Tecnología,
un tema de Estado
Por: Lorena Sánchez |
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El Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, en Argentina, creó programas
de inversión mixta para fomentar el desarrollo tecnológico de las
empresasEntre
los proyectos se tienen algunos con patentes registradas en
Argentina y EU y exportación a China y Vietnam; sistemas avanzados
de reconocimiento de voz; análisis sensoriales electrónicos;
conexión de datos; software; manos biónicas; impresoras offset en
nuevos materiales y videojuegos para consolas portátiles. |
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“Porque este tema tiene que ser tema de Estado, no puede ser que
en todo el mundo haya ministerios de ciencia y tecnología y
nosotros acá tengamos una secretaría o subsecretaría” - Darío
Cares,
Master en Gestión Tecnologica. |
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TVMAS habló en forma exclusiva con el titular de la Dirección de
Tecnología, Darío Caresari, sobre las políticas que orientan
la gestión, los proyectos que lleva adelante y los conceptos de
tecnología y productividad que los rigen. |
¿Cuáles son los
lineamientos gubernamentales en políticas de tecnología?
Trabajamos para fomentar la cultura de la innovación
tecnológica, entendiendo la innovación como la búsqueda del
desarrollo de nuevos productos y el uso de nuevos procesos que sean
técnicamente posibles y económicamente rentables. Incentivamos a las
empresas radicadas en este distrito para que incorporen tecnología
en forma sistemática y busquen la eficiencia. Inculcamos en los
jóvenes que deben generarse empleo, porque sólo una titulación ya no
garantiza un empleo importante. Los impulsamos para que armen su
propia empresa de tecnología en cualquier área y apliquen sus
conocimientos para desarrollar negocios empresariales.
¿Cuál es el rol
del Estado?
La tecnología es determinante para la competitividad y el Estado
tiene un rol claro, tratando de corregir las asimetrías del mercado
tecnológico, cuyos precios no se regulan con la lógica del mercado
perfecto. Debe estimular, promover, incentivar, marcar el camino y
decir cuál es la política tecnológica con indicadores de gestión, no
en lo discursivo. El dinero que otorgamos a los proyectos ganadores
de los concursos, está controlado y si la empresa que firmó un
contrato, se equivoca y lo usa para cualquier cosa, vamos con todo
el peso de la ley. De esta manera rompemos con el amiguismo y el
clientelismo político.
¿Qué proyectos
desarrollan desde esta Dirección?
Tenemos cuatro instrumentos: el Programa de Innovación, que es ley nacional; el PROAMPRO de modernización
tecnológica; el PRUEVE para incubar empresas y el Ciudad y
Tecnología, que premia las soluciones técnicas o tecnológicas de
la ciudad. El sujeto de nuestra medida es el empresario, pero
también buscamos instalar la tecnología como problemática en la
agenda pública porque este tema tiene que ser tema de Estado, no
puede ser que en todo el mundo haya ministerios de ciencia y
tecnología y nosotros acá tengamos una secretaría o subsecretaría.
¿El presupuesto
proviene del gobierno de la ciudad, o cuentan con otros fondos?
Pertenece al gobierno y es la primera vez que la ciudad asigna
dinero en tecnología. También adherimos a la Ley Nacional de
Promoción y Fomento y en otro momento tuvimos un fondo, pero este
año su presupuesto es nulo. Nos relacionamos con organismos
internacionales a los que les pedimos colaboración de
financiamiento, pero aún estamos en tratativas. No nos ven como
sujetos de colaboración internacional porque en la década anterior
salíamos a decir que éramos del Primer Mundo. Otro problema es que
para la dirigencia política argentina los temas de ciencia y
tecnología se consideran temas menores y no se dan cuenta que esta
crea riqueza. Ningún partido explica su política tecnológica
científica y cuando llegan al poder, designan a un científico que no
conoce de gestión, y para gestionar en tecnología se necesita
entender el negocio de la tecnología, ser visionario de los
resultados y también tener la presión política.
¿Cuáles son los
sectores más competitivos?
El Software es un sector clave, donde tenemos muchas
capacidades. Nuestro país posee gran calificación en recursos
humanos, y es nuestra ventaja competitiva. Recordemos el alto
porcentaje de emprendedores de las puntocom. Por otra parte, no hay
dispersión geográfica, lo que optimiza las interacciones. Además
están asentados la mayoría de los institutos de investigación y las
universidades. Vimos que la tasa de mortalidad de las empresas era
igual que las de San Pablo y de Nueva York, y el problema se
generaba en el nacimiento de las empresas. Como país no podemos ser
competitivos con sueldos de 100 dólares, por eso buscamos no sólo la
productividad de las empresas sino que se queden también las
empresas de base tecnológica. Ahí se inscribe el PRUEVE, que
estimula la vocación empresaria de los universitarios.
Hablemos del PRUEVE
El desafío fue
proponerle a graduados, investigadores y estudiantes de los últimos
años que armen su propia empresa con nuestra ayuda. En el primer
llamado se presentaron 255 ideas, se evaluaron en forma externa con
las universidades y quedaron 55, que se transformaron en proyectos
de innovación. Seleccionamos 14 que están armando sus planes de
negocios y cristalizamos el Sistema Metropolitano de Innovación. Algunos de los proyectos se insertaron en empresas allegadas a los
generadores del proyecto y otros se están transformando en grupos de
I+D dentro de las empresas que ya están dentro del mercado. Al resto
buscamos incubarlo, brindándoles un ámbito próximo al centro de la
ciudad, donde funcionarán con nuestra asistencia financiera,
protección de su producto, convenios con laboratorios de
universidades, acceso a bases de datos y tendrán un box con
secretaria, conectividad, teléfono, capacitación, correo y salón de
eventos. Durante 2 años podrán constituirse como empresas en
condición de mercado y luego le dejarán lugar a las nuevas porque ya
lanzamos el PRUEVE 2.
¿Cómo articular al
científico con el empresario?
Hay un divorcio entre el que genera conocimiento y el que lo
usa. La lógica del científico es trabajar en papers para tener
subsidios y lograr la excelencia en su área de conocimiento,
mientras que el empresario busca maximizar su beneficio y se fija
dónde está la mejor y más rápida oportunidad. En el exterior los
docentes ganan fortunas transfiriendo el producto de sus
investigaciones a las empresas, además de dar clase e investigar.
Por eso trabajamos para cambiar la cultura de la gente. Cuando
lanzamos el PRUEVE nos sacaban corriendo, hoy las universidades nos
llaman y tienen 100 personas reunidas para escuchar la propuesta.
¿Qué repercusión
tienen en el sector empresario?
Hoy lo más complicado es pedirle plata al sector empresarial. En
la articulación Empresa-Universidad-Estado, el Estado debe buscar
financiamiento, estimular y juntar a la empresa con la universidad.
Por eso en nuestro consejo participan la Unión Industrial Argentina
y la CGI y formamos parte del directorio de UBATech (empresa de
tecnología e investigación que administra fondos de la Universidad
de Buenos Aires). Con el PROAMPRO respondieron bien a nuestras
convocatorias. Conseguimos 2 millones de dólares, la empresa pondría
como mínimo 50% y nosotros 50% como máximo. En época de crisis, con
3 años y medio de recesión y una clase empresarial capitalina
desacreditada se presentaron 255 proyectos. Financiamos 43 empresas,
con un subsidio de 50, 40 o 20 mil dólares y las empresas aportaron
3 millones 450 mil pesos. Intervinieron 1.735 trabajadores y 7.000
personas estimadas. Ahora queremos hacer un programa de
certificación de 50 pymes exportadoras de la ciudad, que es una
necesidad de las empresas y ellas mismas lo piden. También
trabajamos para certificar la gestión de calidad de la Dirección de
Tecnología del GCBA.
¿En cuánto se
redujo el presupuesto para el nuevo PROAMPRO por la crisis
económica?
Este año es de 600 mil pesos. Nos estamos acostumbrando a la
falta de financiamiento. Por el tipo de cambio ahora no tiene
sentido insistir con tecnología dura y por eso lo redireccionamos
hacia la mejora de procesos. Vamos a trabajar en tecnología blanda:
administración, layout, control de stock. Es pensar la organización
al revés para optimizarla, con la competitividad en los no costos.
No en los grandes volúmenes de producción ni la sobredimensión de
los RR.HH., equipos o stocks. Las empresas deben responder a la
demanda con recursos humanos cualificados. Allí está la clave.
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