Origen: México
Profesión: Escribir Telenovelas
Por Claudio César Flores
“La universalidad de la telenovela
depende de su juego moral. Lo que se está jugando a final de cuentas es lo
que entendemos como bien y mal”, –Cuauhtémoc Blanco, director del Centro de
Capacitacion para Escritores. |
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El Manantial |
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Como respuesta a la demanda
de este producto los gigantes de la televisión han buscado una constante
capacitación y actualización de sus profesionales. En Televisa, por ejemplo,
se formó hace unos ocho años el Centro de Capacitación para Escritores (CCE), del cual es director Cuauhtémoc Blanco, a quien TVMAS entrevistó para
traer la experiencia de ser un escritor profesional de la industria de la
telenovela en México. |
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Cuauhtémoc Blanco |
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Contrario a lo que pasa en otros países, el reconocimiento del escritor de
telenovelas en México se da en el ámbito empresarial y no pasa por el
reconocimiento público o gremial. Al respecto Blanco dice que es por
costumbre, pues “las figuras públicas son el reparto reconocidos por el
publico ...el escritor, excepto honrosísimas excepciones, nunca ha sido
protagonista”.
Por su parte, Víctor Manuel Medina, profesor del CCE y co-autor, junto con
Cuauhtémoc Blanco, de la telenovela El Manantial, asegura que lo importante
es establecer una dimensión clara de lo que significa reconocimiento, “En
este medio el reconocimiento se entiende como fama de imagen, el
reconocimiento para un actor es que todo el mundo lo conozca, creo que de
entrada no es función del escritor estar allí”. Blanco considera que hay un
malentendido histórico en cuanto al reconocimiento de los autores, pues se
cree que los escritores más exitosos han sido extranjeros, pero la realidad
ha sido distinta, “la primera telenovela al aire, Senda Prohibida, es de Fernanda Villeli, escritora mexicana. La señora Marisa Garrido, otra mujer
muy trabajadora en este ámbito también es mexicana. Lo que es más probable,
es que al inicio de la telenovela hayan habido más escritoras que
escritores. Será que siendo la telenovela un asunto que lidia con las
emociones, muy probablemente la mujer haya encontrando en la telenovela un
buen caldo de cultivo”.
Ante la resistencia y durísima crítica contra la telenovela de algunos
sectores que aun la enjuician, Blanco dice que dicho juicio no tiene piso,
pues la novela y la telenovela, –ambas–, tienen en común la narración de una
historia. “El trabajo del literato, el que escribe narrativa, no tiene nada
que ver con el que escribe drama; es decir algo que se idea, que se trabaja,
que se escribe para representarse. Son ámbitos distintos, en la escuela nos
empeñamos mucho en marcar esa diferencia”. Además, el maestro Blanco agrega
que el término de guionista está mal empleado, “yo reconsideraría el término
y le llamaría escritor, ya que no sólo establece una guía sino un mundo
particular en donde se desarrollan personajes particulares, con situaciones
distintas y con diálogos particulares; todo aquél que inventa mundos para
desarrollarlos, para contar una historia que se da en ellos, bajo mi
perspectiva personal, tendría que llamarse escritor, porque de fondo y de
hecho lo es”.
Lograr la atención del público durante 180 capítulos, media hora todos los
días no sólo es cuestión de empatía sino la posibilidad de ver la vida del
otro con licencia para ello. “Asomarse a la ventana de otras vidas,
juzgarlas, tomar partido estando a salvo. Eso es una telenovela”, asegura
Blanco.
La universalidad
de una historia
“La universalidad de la telenovela depende de su juego moral. Lo que se está
jugando a final de cuentas es lo que entendemos como bien y mal. Ese es el
terreno en donde juega la telenovela, el terreno de la moralidad, con un
pretexto maravillo que es una historia de amor”. Este es el eje fundamental
de cada historia para el escritor, explica el artista y maestro Blanco. Víctor Manuel Medina, por su parte considera que la universalidad del género
radica en el nivel de intimidad que se logra plasmar en la historia, “para
la telenovela es fundamental generar vida cotidiana, adicción, y mundos
íntimos, situación que es posible gracias a su formato”.
Con respecto a los formatos, ambos consideran que escribir telenovela es una
asunto de lo más complicado, “porque siempre está en juego de lunes a
viernes, hay que procurar que el final sea, en el mejor de los casos,
sorpresivo y que mantenga el suspenso para que el televidente regrese al día
siguiente a verla. Se trata de un trabajo difícil si tenemos en cuenta que
una telenovela de 180 capítulos son, en promedio, 3,000 cuartillas de un
mundo imaginario”, corrobora Medina.
Actualmente muchos escritores trabajan al ritmo de la misma telenovela, con
los cambios y las presiones lógicas de grabar pegados al aire, Blanco
manifiesta que: “yo admiro a la gente que trabaja así, yo me perdería. El
trabajo que hacemos aquí es planeado, pensado, estructurado”.
Anteriormente se trabaja bajo los designios del productor, pero ha habido un
cambio y de eso nos habla Blanco “Afortunadamente la televisión está dejando
de ser el reino único de los productores. Ahora es el reino de los
productores, junto con los escritores y los directores. Ese trío de
elementos ha de trabajar en conjunto y buscar el mismo fin.
Y respondiendo a la modernidad la telenovela los analistas y los que lo ven
de lejos han inventado términos como telenovela de ruptura. Se ha
sofisticado y se han ido especializando los formatos para distintos tipos de
público. Con respecto a este género de ruptura, Blanco nos aclara que se
trata de un estilo que pretende asuntos distintos y nos habla de su aparente
falta de penetración, “Habría que recordar que la telenovela, en nuestro
país y en buena medida en Latinoamérica, se ha convertido en una suerte de
tradición, considerada una parte cultural de nuestra vida cotidiana; misma
que a su vez se ha vuelto en un asunto que sigue determinadas reglas y
determinadas normas: Un modo de contar, un modo de ver, un modo de
entretener. Y si estas telenovelas de ruptura se salen de esa tradición
cuesta aceptarlas de entrada, porque las reglas a las que se refieren, con
las que están hechas son otras”.
Bernardo Romero Pereriro comentó alguna vez en una entrevista que la
telenovela podría correr el mismo riesgo que las teleseries estadounidenses,
perderse en el olvido por el desgaste del formato. Al respecto Blanco y
Medina nos dicen que como fenómeno cultural, la telenovela ha dado también
estupendos resultados comerciales, “si en algún momento deja de darlos se
tendría que reconsiderar el formato, no el fondo”, aclara Víctor Manuel
Medina.
Finalmente, Blanco un verdadero artista en el arte de escribir telenovelas,
comparte su experiencia como escritor profesional, “una de las maravillas
del escritor, es que juega a ser Dios cada vez que escribe una historia;
ordena un mundo en sus términos, castiga y premia y todo lo decide él. La
gente común y corriente pregunta: oye tú haces telenovelas, pero ¿qué,
también escribes los diálogos?... Pues claro. Jugar a ser esta clase de Dios
es una responsabilidad tremenda pero muy divertida”. |