Todo cambio en una industria exige la reflexión de quienes forman parte de la misma

El gran encuentro de unos pocos

Emilce Cebrián, miembro de la Cámara Argentina de Distribuidores de Señales Satelitales, y Directora Ejecutiva de LAPTV Región Sur (Movie City, Cinecanal, Cinecanal 2 y The Film Zone), reflexiona sobre el presente y el futuro de las Jornadas y Exposición Internacional de la Industria del Cable.

A un paso del nuevo milenio pudimos todavía presenciar (ya entenderá el porqué de mi “todavía”) una nueva edición de las tradicionales Jornadas y Exposición de la Industria del Cable. Sin embargo, el balance de este año no puede ser tan sustancioso como el de años atrás. Y no es curioso que así sea.

La industria del cable está transitando por una época de cambios abruptos entre los cuales la concentración se lleva el papel estelar.

El objetivo de las jornadas de Cable siempre fue lograr que se produzca un encuentro fructífero entre los cientos de cableoperadores independientes de todo el país y del resto de las regiones, que concurrían ávidos de poder adquirir una nueva señal para ofrecer a su gente, y un grupo relativamente pequeño de programadores y distribuidores de señales.

Hoy, nuestra industria cambió y el giro que dio la dejó mirando un horizonte completamente diferente.

El casi frenético movimiento de fusiones va dejando tras su paso un puñado cada vez más reducido de compradores cada vez más fuertes y por otro lado, el desarrollo de nuevas tecnologías trajo aparejada la posibilidad de aumentar considerablemente la oferta de señales.

El resultado: un gran número de señales ávidas de formar parte de las grillas de unos pocos.

Sumado a este fenómeno o como consecuencia del mismo, no todos los programadores eligieron el Centro de Exposiciones de Costa Salguero para el encuentro, sino que se dispersaron originando una especie de Jornadas Paralelas en lugares más pequeños y cálidos que propiciaron un contacto más cercano y si se quiere exclusivo.

Si ubicamos todo esto dentro de la difícil situación económica por la que atraviesa el país y le sumamos la esencia de la relación, real y actual, entre el comprador y las señales, que se basa en el contacto cotidiano y en las negociaciones casi permanentes, obtenemos como resultado esa Exposición escueta y semidesierta de la cual fuimos testigos (y partícipes).

Promover un lugar y momento de encuentro, donde todos los miembros de la industria podamos reunirnos, intercambiar opiniones y visiones, conversar mano a mano y nutrirnos de experiencia, sigue siendo, a mi parecer de vital importancia.

Sin embargo, y como puede deducirse de mi exposición, considero que las tradicionales Jornadas deben ser reformuladas, en el sentido de que el objetivo de las mismas puede ser cumplido sin necesidad de contar con un espacio tan grande, ni una inversión tan importante que hace que algunos interesados, que la harían más interesante, se limiten a mirar desde afuera.

Entonces, ¿no estamos ya en ese punto en el que es preciso detenerse por un instante y recapacitar?

Pensemos ¿ la importancia de una Exposición se mide en términos del espacio físico en el que se realiza y por la inversión que cada empresa hace para poder participar?

O, ¿ no será más bien que la dimensión que un evento anual de esta índole alcance depende directamente de la calidad cotidiana de la relación particular entre esos clientes y esas señales que, a su vez, fijan en conjunto una fecha y un lugar para reunirse y ahora sí, lograr que se produzca un GRAN ENCUENTRO.

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